MEDIACIÓN
A.A.- 26 de abril de 2004
Francisco J. Betés de Toro
Presidente de IMAF
info@imafmediacion.com
 
Los árboles seguirán creciendo
cuando nosotros no estemos

        Hace unos días charlando con dos arquitectos amigos, que comparten estudio y han tenido gran éxito en su profesión, planteaban su deseo de jubilarse. Como ninguno de sus hijos ha seguido su profesión, les pregunte si iban a vender "su negocio". Me contestaron que eso era imposible, que la única solución era vender el local del negocio que tenían en propiedad y pagar con él las indemnizaciones de despido de las 12 personas integradas en su estudio. La idea de asociar arquitectos jóvenes que fueran poco a poco tomando el relevo tampoco les valía puesto que según dijeron ya lo habían intentado sin éxito. Estaban, por tanto, dispuestos a cerrar sin mas compensación, una actividad económica que factura por encima de los 3 millones de Euros al año.

        Me imagino que esta conversación puede mantenerse con cualquier otro profesional liberal como abogado o médico y las conclusiones serían bastante parecidas.

        Para las personas que nos movemos en el sector asegurador, y especialmente los que trabajamos en temas de distribución, no deja de ser chocante que estas actividades profesionales consideren imposible la cesión del negocio, cuando estamos acostumbrados en el día a día a hablar de la transmisión de las carteras de seguros.

        Es indudable el carácter personalísimo de la relación que se establece con un cliente en cualquiera de estas profesiones, sin embargo, no es menos personal el contacto que un agente o un corredor de seguros tiene con sus clientes, y aun así, aunque no sea sencillo, conocemos el procedimiento y las fórmulas para transmitir el fondo de comercio. Y de esta forma ese fondo de comercio tiene un valor, valor que es fundamental cuando un agente o un corredor piensa en su jubilación. Por esa razón también, la idea de encontrar un sucesor natural para la actividad esta tan arraigada entre los mediadores.

        En el II Forum CECAS, celebrado recientemente en Barcelona, se abordó el tema de la sucesión de las empresas de distribución de seguros. El proceso de sucesión es una operación de alto riesgo. Según se comento allí, tan solo el 50% de las empresas de mediación de seguros superan una primera sucesión y sólo el 14% una segunda.

        Analicemos primero el caso de un solo sucesor. El principal riesgo es que la proximidad familiar dificulta la objetividad en todo el proceso. El mediador que piensa retirarse tiene que huir de los dos extremos. O bien fuerza la situación, aunque el candidato no sea el idóneo, para tener la satisfacción de poder perdurar su obra personal en el tiempo, o bien, se aferra de tal manera a su actividad que el sucesor acaba aburrido por la imposibilidad de gestionar, con un nuevo estilo personal, el negocio.

        Los dos extremos son peligrosos. El análisis de las capacidades del sucesor es básico. Hay que tener aptitudes naturales mínimas, un complemento de formación teórica y una experiencia practica que le garantice el éxito.

        La sucesión no es un regalo, el sucesor debe ganarse su derecho a gestionar el negocio. Su interés y su actitud personal de asunción de responsabilidades, son condiciones mínimas imprescindibles. El anhelo a ser sucedido no debe forzar la situación. Si no se exigen estos requisitos mínimos se está poniendo en claro riesgo la permanencia del negocio.
 
 
UNA SOLUCIÓN POSITIVA

        Hace años recibí a un agente importante de la compañía en que trabajaba, que tenía una gran cartera en una capital de provincia castellana y con el que trabajaban cuatro de sus seis hijos. Me planteó su preocupación por su sucesión pues no veía a ninguno de sus cuatro hijos con capacidad para sacar adelante el negocio. Estudiamos el asunto y concluimos que la mejor solución era incorporar un socio joven, que aportase su cartera. En una población cercana encontramos nuestro candidato y la solución fue muy positiva para todos, y acertada como pudo comprobarse en los años siguientes en que la agencia tuvo resultado excelentes. Siempre recordaré con admiración la clarividencia de aquel agente que se dio cuenta de que la mejor decisión para sus hijos era buscar refuerzos fuera de la familia.

        El riesgo del extremo contrario queda de manifiesto en la historia que contaron en el mismo Forum al que antes he aludido, de un corredor que a los 82 años convocó a su hijo de 58 para decirle: "hijo mío, he decidido que a partir del año que viene vas a sucederme con plena responsabilidad en la gestión del negocio". La respuesta fue: "muchas gracias padre, pero he decidido que yo también me voy a jubilar ya que tu nieto, con 35 años, tiene una edad estupenda para llevar este negocio". El príncipe Carlos de Inglaterra, por ejemplo, comprenderá muy bien esta anécdota.

        Veamos ahora qué sucede cuando existe más de un heredero. Los expertos opinan que los herederos que no vayan a tener participación activa en el negocio, es preferible que vendan su participación ya que en caso contrario son una fuente permanente de conflictos. La firma de protocolos familiares es una buena solución para establecer normas de funcionamiento que decididas objetivamente con apoyo de expertos independientes, sean juzgadas por los distintos herederos como normas adecuadas de funcionamiento global.

        Comentaron el caso concreto de un protocolo familiar que establecía que cualquier descendiente del fundador que aspirara a ser el primer ejecutivo de la empresa, debería tener una licenciatura universitaria en aspectos económicos, un master de al menos dos años en negocios (un MBA), una experiencia mínima de 4 años en grandes empresas en España y al menos tres años en el extranjero. A continuación debía ser aprobado por el consejo familiar. El único consuelo si no era aprobado es que con ese currículum no tendría problema para encontrar trabajo.

        Todos estaremos de acuerdo que la primera causa de conflictos familiares son las particiones de herencia. Recuerdo una aldeana gallega que al comentarle lo bien que se llevaban los hermanos de una familia numerosa, contesto: "Es que aún no partieron" (imagíneselo con muy fuerte acento galaico)

        Para evitar los conflictos en la partición es fundamental la intervención de un asesor experto independiente aceptado por todos que haga una valoración objetiva de los negocios. Hace poco me plantearon realizar la valoración de una cartera, a efectos de separación entre los distintos socios. Mi posible cliente era uno de los socios en cuestión. Le comente que estaría encantado de hacer la valoración pero que no le iba a servir para nada, puesto que contra de esa valoración habría una alternativa que aportaría la otra parte y que es mucho mejor ponerse de acuerdo en quien valora antes que no en cuanto vale después.
 
        A lo largo del articulo me he referido a los mediadores en conjunto. La única diferencia de la sucesión en el caso de agencias es que requieren la previa autorización de la compañía aseguradora en la que están encuadrados. Si bien en España no existen normalmente problemas para obtener el beneplácito de la compañía, no es el caso de Francia donde realmente prefieren que al final de la vida profesional de un agente sea un tercero el que adquiera el negocio. Pero esto tal vez sea por la cultura republicana.
 
        En definitiva, si es Ud. agente o corredor de seguros, y tiene cerca de 60 años, pueden darse dos situaciones. La primera: que no tenga sucesión. Prepare el proceso de venta que es largo y complejo y muy importante para Ud. porque está en juego su patrimonio y su póliza de jubilación. La segunda: que si tenga descendencia. Exija a su sucesor unas condiciones mínimas de capacidad y un interés vivo por continuar el negocio. Si tiene la suerte de tenerlo, hágale un hueco.

        Los árboles seguirán creciendo cuando nosotros no estemos.