TRIBUNA abierta
A.A.- 31 de mayo de 2004
Francisco J. Betés de Toro
Presidente de IMAF
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Agente MULTICOMPAÑÍA...
¿Cáncer o solución?

        La ley de Mediación del 92 no ha conseguido acabar con la picaresca de los agentes multicompañía. Juegan con nombres distintos o incluso con su propio nombre, y esta realidad ha persistido a lo largo de los años. La falta de implicación por parte de la Dirección General de Seguros que siempre ha entendido que los agentes son un problema de las entidades y de las propias entidades que han mostrado poco Ánimo para resolver el problema, ha permitido el mantenimiento de esta picaresca. El agente multicompañía ha conseguido a lo largo de todos estos años realizar su negocio con menos gastos que los corredores y contratar algunos riesgos que a sus colegas agentes les estaban vetados.

        La concentración de las compañías ha colaborado en parte a ir aminorando este problema. Recientemente el Director Comercial de una compañía de las 10 primeras me comentaba que en una de las fusiones que había vivido en la que concurrían tres compañías habían encontrado una docena de agentes afectos comunes a las tres entidades. Aunque la fusión había legalizado la situación de estos señores, mi interlocutor no estaba seguro de no volvérselos a encontrar en alguna fusión futura.

        Hubo una época en que las dificultades puestas por la Dirección General de Seguros para la autorización de corredurías daban una cierta coartada a los agentes multicompañía. Esto cambió cuando se dieron atribuciones a las Comunidades Autónomas que con criterios francamente amplios han dado las autorizaciones que les han sido solicitadas.

        Sin embargo, los agentes multicompañía siguieron campando a sus anchas. Esta picaresca es tan propia de nuestro carácter como el Lazarillo de Tormes que empezó a coger las uvas de tres en tres cuando veía que el ciego las cogía de dos en dos.

        El mercado se ha ido ordenando más por la racionalidad de sus propias reglas que por el interés que han puestos los intervinientes. Las fusiones han provocado un mayor volumen de las compañías con una gestión cada vez más profesional. Asimismo los mediadores han alcanzado un determinado nivel y han tomado conciencia de que necesitan esa dimensión para ser más profesionales y más competitivos, y todo esto de alguna forma va arrinconando a los agentes multicompañía.

        Hace unos días vino a verme un agente que trabajaba desde hace mas de 15 años con tres códigos de tres compañías distintas con nombres de familiares que trabajaban con él dentro de la misma oficina. Había llegado a la conclusión de que necesitaba un empuje en su dimensión y algún tipo de acuerdo o asociación con otros mediadores, para permitirle afrontar con éxito el futuro. Consideraba que eso pasaba por transformarse en corredor, decisión que le costaba tomar y su visita solo pretendía que yo ratificara esa línea de actuación. Por supuesto que le anime a seguir en este sentido.
 
LA DIRECTIVA

        El problema se ha ido de alguna forma encauzando hasta que aparece la famosa Directiva Europea sobre Mediación y la necesidad de su transposición a la legislación nacional. Las directivas que se construyen a lo largo de meses y meses de discusión entre los distintos sectores económicos, de los distintos países y en las distintas lenguas, son al final un "refrito" casi incomestible que cuesta comprender a las personas que los leen sin prejuicios y en el que encuentran acomodo, sin problemas, los que tiene una idea preconcebida.

        La transposición de la Directiva supone un riesgo y una oportunidad. El riesgo es que se dé marcha atrás en los logros conseguidos en la ordenación del mercado. La oportunidad es que regulemos situaciones conflictivas de forma razonable y que permitan de una vez por todas encontrar acomodo para todos los problemas.

        En esta transposición, los papeles protagonistas los van a representar los agentes, los corredores, las compañías y la Autoridad de Tutela. Analicemos la posición de cada uno de ellos.

        Los agentes que trabajan en exclusiva con una compañía deberían desear lógicamente la eliminación de los agentes multicompañía por tratarse de una competencia ilegitima. Sin embargo, Pedro Martínez, Vicepresidente del Consejo General de Colegios y responsable del Área de agentes es un furibundo partidario de la legalización de los agentes multicompañía. Conozco a Pedro desde hace muchos años y sé de la firmeza de sus convicciones. La razón que aporta tiene sentido. Los agentes españoles estarían en desigualdad de condiciones con sus colegas europeos y por lo tanto hay que autorizarlos.

        Los corredores, por su parte, entendiendo que eran una competencia desleal, han atacado en los últimos años con virulencia el fenómeno de los agentes multicompañía, han presentado numerosas denuncias y han luchado por su eliminación. Sin embargo, la oposición parece más matizada últimamente. Por un lado están cansados de la absoluta ineficacia de sus denuncias. Por otro, han dejado de considerarlos una competencia seria, puesto que su carrera empresarial y profesional se ha consolidado en mucha mayor medida que la de los pequeños agentes multicompañía. Y por ultimo, es difícil opinar dentro de un órgano de representación como el Consejo General sobre este tema, en contra de lo que mantiene el Vicepresidente responsable de los agentes.

        ¿Que opinan las compañías? En los cinco años que presidí la Agrupación de Distribución a través de Medidores de UNESPA, mantuvimos una postura bastante drástica sobre la necesidad de eliminación de los agentes multicompañía para ordenar el mercado. Es cierto que no conseguimos resolver el problema de las pólizas rechazadas por las compañías a sus agentes afectos y por lo tanto, el germen del agente multicompañía, la necesidad de colocar ciertos riesgos, ha permanecido siempre como problema pendiente. En los últimos años la posición de las compañías se ha flexibilizado. Salvo algunas excepciones muy loables, como Catalana, se respira un posibilismo realista. En consecuencia, puede haber un cierto ambiente no contrario a la regulación de los agentes multicompañía. Ahora bien, lo que no puede esperarse de las compañías, en un tema tan difícil de consensuar internamente, es que tomen la iniciativa.

        La Dirección General de Seguros ha expresado en diferentes ocasiones a través de la Subdirectora General, Elena Tejero, su opinión de que la Ley de Mediación ha colaborado a ordenar el mercado y que la Directiva no impone ninguna modificación sustancial de los criterios establecidos sobre este tema. Que el mercado este ordenado y que, en consecuencia, el asegurado sepa con claridad quien es el interlocutor al que esta comprándole su seguro, son lógicamente las prioridades del Organismo de Control. La implantación de un registro único de agentes favorecerá la eliminación de los multicompañía. Siendo así, ¿qué razón tendría la DGS para tomar iniciativas de regulación especifica cuando los interlocutores en el mercado tienen posturas no coincidentes?

        Y ahora, ¿qué hacemos? Creo que la transposición de la Directiva da la oportunidad de regular la no-exclusividad. No se trata de la autorización de los agentes multicompañía sino de la regulación de una figura distinta con sus competencias y sus obligaciones. El sector no ha dado salida a los riesgos no aceptados por las compañías provenientes de sus agentes. Cada vez las políticas técnicas son más estrictas y la rentabilidad se ha convertido, con toda lógica, en el centro de las estrategias del sector. La regulación debe evitar que la competencia desleal siga produciéndose, previendo quien responde por los agentes multicompañía. Si son las compañías, cual de ellas y si no son las compañías, estableciendo el sistema de autorización y registro y las coberturas de responsabilidad civil y caución, que les equiparen a los corredores, para cubrir los derechos de los asegurados.
 
        ¿Quién debe tomar la iniciativa?. A mi juicio debe lograrse previamente un consenso a nivel del Consejo General, basado en un proyecto de regulación. Este proyecto debe ser propuesto a las compañías a través de UNESPA, la cual con todas las dificultades de los consensos, puede estar dispuesta a no oponerse a una determinada regulación, si le permite el acomodo de las distintas políticas comerciales en un contexto clarificado.
 
        A continuación ese documento debe llegar a la Dirección General de Seguros quien con toda probabilidad lo acogerá positivamente como documento de trabajo para la regulación definitiva.

        Así pues, en este tema, los agentes deben empezar por convencer a los corredores, los mediadores a las compañías y todos los intervinientes en el sector al Organismo de Tutela.